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Enfermedad de Alzheimer

Estrategias de gestión dietéticas y de la forma de vida

El análisis de algunos modelos dietéticos indica que la composición nutritiva dietética puede afectar al riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer (Gu 2011)

Dieta mediterránea

La dieta mediterránea se ha mostrado para reducir el riesgo de Alzheimer y de otras demencias en un anfitrión de estudios. Un comentario reciente encontró un riesgo reducido de Alzheimer entre los cuyo modelo dietético incluyó una toma más alta de frutas, de verduras, de pescados, de nueces, y de legumbres, así como una toma más baja de carnes, de la lechería de alto grado en grasas, y de los dulces (Gu 2011). Otro comentario reciente de la literatura observó un riesgo reducido de enfermedades neurodegenerative tales como Alzheimer, Parkinson, y debilitación cognoscitiva suave, cuando los pacientes estaban en una dieta mediterránea (Demarin 2011).

Otro comentario encontró que la dieta mediterránea redujo el riesgo de enfermedad de Alzheimer y el índice de progresión de síndromes de la pre-demencia a la demencia pública. Los investigadores señalaron que la dieta mediterránea comprende en gran parte los aceites individuales de las comidas (e.g., pescados, vegetal, las verduras no-almidonadas, las frutas glycemic bajas del índice, y el vino rojo), propuestas independientemente como factores protectores potenciales contra la demencia y la pre-demencia (Solfrizzi 2011).

En un estudio, participantes que se adhirieron lo más de cerca posible a la dieta mediterránea, mostrados el 28% más poco arriesgado de desarrollar la debilitación cognoscitiva durante un período de 4,5 años que los que eran menos adherentes. También, los participantes altamente adherentes con una cierta debilitación cognoscitiva al inicio del estudio experimentaron el 48% más poco arriesgado de enfermedad de Alzheimer que se convertía en la continuación (una media 4,3 años de más tarde) (Scarmeas 2009).

La dieta mediterránea también aparece afectar a la tasa de mortalidad en Alzheimer. Por ejemplo, los pacientes de Alzheimer cuya adherencia a la dieta mediterránea era la más grande durante un período del estudio de 4,4 años eran los 76% menos probables morir que los cuya adherencia era lo menos. Los pacientes de Alzheimer que se adhirieron a la dieta mediterránea a un grado moderado vivieron 1,3 años medios más largos que los que se adhirieron a la dieta al menos grado. Los pacientes que siguieron la dieta muy estrictamente vivieron, por término medio, 3,9 años más largo (Scarmeas 2007).

Dieta quetogénica

La dieta quetogénica, que implica un régimen estricto de la proteína muy de alto grado en grasas, moderada, y de los carbohidratos bajos, avisos el cuerpo al interruptor de su proceso metabólico normal de quemar la glucosa a las cetonas ardientes. Las cetonas son sustancias producidas cuando el cuerpo analiza la grasa en vez de la glucosa para la energía. La investigación inicial se está realizando para investigar el impacto de la dieta quetogénica en el desarrollo y la progresión (Jóźwiak 2011) de Alzheimer. En un modelo transgénico del ratón, 43 días en una dieta quetogénica dieron lugar a la producción de la cetona y disminuyeron los niveles beta amiloideos (Van der Auwera 2005).

La dieta quetogénica puede causar los efectos secundarios adversos (e.g., niveles de colesterol crecientes, piedras de riñón, y reflujo gastroesofágico) (Jóźwiak 2011).

Dieta baja en calorías (restricción de la caloría)

Los investigadores divulgaron que una dieta baja en calorías reduce el riesgo de debilitación cognoscitiva suave, que es la etapa de la pérdida de memoria entre el envejecimiento normal y la demencia pública. Los temas sanos del estudio entre las edades 70 y 89 fueron divididos en tres grupos basados en su aportación calórica diaria normal: 600-1526; 1526-2143; y 2143-6000 calorías por día. Ésos en el grupo más alto de la caloría eran casi dos veces tan probables desarrollar la debilitación cognoscitiva suave. Esta asociación fue encontrada para ser dosis-dependiente; el riesgo creciente gradualmente con el aumento en las calorías (Geda 2012; Pasinetti 2007).

Ejercicio

El ejercicio regular se asocia a aumentos en el factor neurotrophic cerebro-derivado (BDNF), neurogenesis hippocampal, plasticidad sináptica, volumen del cerebro, las espinas dorsales dendríticas, y función vascular, así como una reducción en la muerte celular (Cotman 2007; van Praag 2009). La investigación que se centraba en los pacientes de Alzheimer encontró que las que ejercitaron habían reducido la atrofia del cerebro comparada con las que no lo hicieron (quemaduras 2008). Tan poco como tres minutos del ejercicio muy intenso se han mostrado a agudamente aumentan niveles de BDNF, así como produce una mejora del 20% en la memoria (invierno 2007).

Las ventajas del ejercicio se pueden aumentar por el consumo de los ácidos grasos omega-3 y de polifenoles de la planta (van Praag 2009). El ejercicio y las dietas ricos en los ácidos grasos omega-3 se han mostrado para ayudar a normalizar los niveles de BDNF (Gómez-Pinilla 2008; Wu 2004a).