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HIV/AIDS

Ayuda alimenticia para el VIH

Los efectos de los suplementos de la vitamina sobre pacientes con el VIH

Dado los efectos de deterioro de la progresión de HIV/AIDS sobre la situación del sistema inmune y del alimento, no es de extrañar que los suplementos alimenticios se han mostrado para ser extremadamente beneficiosos en pacientes con el VIH. Tomar suplementos de la vitamina bajó el riesgo de progresión de la enfermedad de VIH en varios estudios (Kawai 2010; Fawzi 2004; Mehta 2010b; Tang 1993; Abrams 1993). El uso de los suplementos de la vitamina también se ha asociado a resultados mejorados del embarazo en las mujeres embarazadas VIH-infectadas (Fawzi 1998; Kawai 2010), apetito creciente en los niños VIH-infectados (Mda 2010a), y una mejores salud y supervivencia de niños con VIH (Semba 2005; Fawzi 1999; Coutsoudis 1995).

Además, los suplementos alimenticios se han encontrado para mejorar los comorbidities asociados al VIH. En los pacientes VIH-infectados que eran tratados para la tuberculosis (TB), por ejemplo, el consumo de microalimentos (vitaminas A, complejo de B, C, y E, más el selenio) correspondió con un más poco arriesgado de la repetición de la TB y de una incidencia perceptiblemente más baja de la neuropatía periférica (un efecto secundario del tratamiento de la TB); este tratamiento también aumentó las cuentas de CD4+ y de CD3+ (Villamor 2008). En un estudio reciente de niños con el VIH, un suplemento diario de las vitaminas A, complejo de B, C, D, E, y ácido fólico, cinc más, hierro, y cobre (en los niveles basados en subsidios diarios recomendados) correspondió con una recuperación más rápida de los episodios y de la pulmonía diarreicos (Mda 2010b).

El poder de antioxidantes

Los antioxidantes se saben extensamente para sus subsidios por enfermedad y pueden ser particularmente importantes para la gente con el VIH. En 1985, el Life Extension Foundation estaba entre las primeras organizaciones para proponer que los pacientes con HIV/AIDS se beneficiarían de tomar altas dosis de antioxidantes. Desde entonces, muchos estudios científicos han examinado una amplia gama de alimentos y de suplementos para el uso en HIV/AIDS.

En circunstancias normales, los procesos metabólicos en el cuerpo generan radicales libres. En las concentraciones del punto bajo/del moderado, estas especies reactivas del oxígeno no son dañinas, sino que por el contrario tienen una variedad de funciones beneficiosas (Valko 2007). En las altas concentraciones, sin embargo, llegan a ser extremadamente destructivos (Valko 2007). Normalmente, el cuerpo humano mantiene estos niveles control neutralizando radicales libres con su propio sistema de defensa antioxidante natural. Sin embargo, algunas condiciones pueden impulsar la producción de radicales libres y crear la condición oxidativa de la tensión-uno en la cual las defensas antioxidantes del cuerpo no pueden neutralizar la cantidad de forma aplastante de radicales libres que son producidos. Esto puede llevar al daño celular y al desarrollo de la enfermedad (Valko 2007).

El VIH se asocia a la tensión oxidativa sustancial (Oguntibeju 2010; Srinivas 2008; Wanchu 2009; Aquaro 2008; Kashou 2011; Bautista 2001; Deresz 2010; Ogunro 2005), y las especies reactivas del oxígeno participan en la progresión del VIH a AYUDAN (Kashou 2011). Mientras que progresa el VIH, los niveles antioxidantes disminuyen (Pasupathi 2009; Bilbis 2010). El composición de este problema es más lejos el hecho de que los diversos tratamientos del VIH se han mostrado para aumentar la tensión oxidativa (Deresz 2010; Wang 2007; Masiá 2007; Ngondi 2006). Combinados, estos factores crean un ambiente malsano que se podría exacerbar más a fondo por la toma inadecuada o la absorción pobre de los alimentos que se asocian comúnmente a VIH (Tang 2005; Dren 2007). Las deficiencias antioxidantes del microalimento son comunes entre gente con VIH (Allard 1998). Los niveles reducidos del suero de las vitaminas E (un antioxidante potente) se han asociado a un riesgo más alto de convertirse AYUDAN (Tang 1997).

Los suplementos antioxidantes se han encontrado para contrarrestar algunos de los efectos perjudiciales asociados al VIH. Tomar suplementos de la vitamina E (800 IU por día) y de la vitamina C (magnesio 1000 por día) por 3 meses bajó la tensión oxidativa entre pacientes con el VIH y produjo una tendencia hacia una disminución de la carga viral (Allard 1998). Los altos niveles del suero de la vitamina E se han ligado a una progresión más lenta de VIH (Tang 1997). En estudio grande en Tanzania que implicaba a 1.075 mujeres embarazadas con el VIH, tomando una combinación diaria del multivitamin que consistía en las vitaminas C (500 magnesio), E (magnesio 30), y las diversas vitaminas de B y el ácido fólico mejoraron los recuentos celulares CD4, CD3, y CD8 y bajaron el riesgo de muerte fetal, peso de nacimiento bajo, nacimiento, y tamaño pequeño prematuros para la edad gestacional (Fawzi 1998).

Otros antioxidantes también han mostrado efectos beneficiosos en gente con el VIH. Un estudio que implicaba a 331 pacientes SIDA encontró que cuando los pacientes recibieron suplementos incluyendo los diversos carotenoides (pigmentos naturales con las propiedades antioxidantes), así como los multivitamins y los minerales, las tasas de mortalidad eran más bajas, y las cuentas del linfocito T CD4 eran más altos, comparado con los pacientes que recibieron la misma suplementación sin los carotenoides (Austin 2006). En los pacientes VIH-infectados que seguían un régimen estable de HAART, el uso del amplio-espectro, suplementación del microalimento de la alto-dosis con los antioxidantes correspondió con un aumento del 24% en el recuento celular CD4 (Kaiser 2006). Otros antioxidantes importantes que se han destacado en la literatura del VIH incluyen:

Glutatión

El glutatión es probablemente un antioxidante extremadamente importante para los pacientes VIH-infectados, porque aparece interferir con la entrada del VIH en sus células de blanco (Markovic 2004). El hallazgo común de la deficiencia-uno del glutatión en VIH (Morris 2012) — se asocia a la función comprometida y a la supervivencia disminuida (Herzenberg 1997) del linfocito T. Algunos alimentos que ofrecen un anfitrión de las subsidios por enfermedad también ayudan a la producción de glutatión. Uno de éstos es N-acetilcisteína.

N-acetilcisteína

la N-acetilcisteína (NAC) está de interés particular para la gente con HIV/AIDS, porque reinstala niveles del glutatión y se ha encontrado para mantener las concentraciones del glutatión (Fawzi 2004; McComsey 2003), mejore las cuentas del linfocito T, y reduzca la carga viral en pacientes con los ASISTENTES avanzados (McComsey 2003; Standish 2001; Tantcheva 2003). En muchos estudios, el uso de los suplementos orales del NAC ha correlacionado con un mejor bienestar de la calidad de vida y del paciente (Atkuri 2007). Un estudio que implicaba a 81 pacientes VIH-infectados mostró que 8 semanas de la suplementación oral del NAC correlacionaron con mejoras significativas en concentraciones del glutatión de la sangre entera, así como aumentó los niveles del glutatión del linfocito T (De Rosa 2000). El NAC se sabe para ejercer efectos antioxidantes contra la actividad de la glicoproteína 120 (gp120) (Visalli 2007), una proteína del VIH que induzca la tensión oxidativa durante la infección de los macrófagos (un tipo de glóbulo blanco) (Visalli 2007).

Té verde

Las hojas de té verdes contienen los compuestos llamados los catecoles, que tienen propiedades antioxidantes potentes. El catecol más abundante del té verde, galato del epigallocatechin (EGCG), también se ha encontrado para suprimir VIH (Li 2011). Kawai y los colegas encontraron que EGCG puede atar a las T-células y bloquear el virus de la atadura a ellas (Kawai 2003). Cuando el VIH entra en el contacto con un linfocito T del ayudante en el cuerpo humano, la glicoproteína 120 (gp120) en su superficie ata a un receptor CD4 en la superficie del linfocito T, llevando en última instancia a la infección (Nance 2009). En varios estudios, EGCG bloqueó el accesorio de gp120 a las células CD4 con diversos grados de inhibición (Williamson 2006; Kawai 2003). EGCG también aparece bajar el riesgo de transmisión-normal del VIH, las fibrillas en esperma humana recogen virus del VIH y los entregan a las células de blanco. EGCG inhibe esta actividad y degrada las fibrillas, de tal modo bajando el riesgo de la transmisión (Hauber 2009). EGCG también se ha encontrado para inhibir una variedad de subtipos del VIH en las concentraciones fisiológicas sin el daño de las células humanas (Nance 2009). Cuando estaba juntado con otros alimentos (vitamina C o lisina), el extracto del té verde inhibió la producción de VIH en células de T crónico infectadas; en células latente infectadas, combinar el extracto del té verde con vitamina C y aminoácidos dio lugar a la acción represiva perceptiblemente mayor que cuando es un de los tres fue aplicada individualmente (Jariwalla 2010).

Ácido lipoico

Este antioxidante potente desempeña un papel fundamental en la defensa contra los radicales libres (Shay 2009). También recicla otros antioxidantes importantes, incluyendo el glutatión (Shay 2009), y la señalización intracelular de las disminuciones que promueve en el ammation del fl (Zhang 2007). Tardando a un suplemento del magnesio 300 del ácido alfa-lipoico tres veces por el día por seis meses elevó perceptiblemente niveles del glutatión de la sangre en un grupo de hombres VIH-infectados y las mujeres envejecieron 44-47 años (Jariwalla 2008). En el laboratorio, el ácido alfa-lipoico se ha mostrado para inhibir la réplica del VIH (Baur 1991). Se ha encontrado su capacidad de limpiar especie reactiva del oxígeno de bloquear factor-Kappa nuclear B, un activador transcriptivo que es instrumental en la regulación de la expresión génica del VIH (Suzuki 1992). En un estudio de Merin y de los socios, la aplicación del ácido alfa-lipoico a las células infectados con el VIH paró totalmente la “iniciación de la inducción HIV-1 por [factor-alfa] de la necrosis del tumor (Merin 1996).”

Carnitina (Acetilo-L-carnitina)

También un antioxidante, acetilo-L-carnitina (ALC) impulsa la función inmune y ayuda al cuerpo a convertir la grasa en energía. Varios estudios han divulgado los efectos positivos de la suplementación de ALC en gente con el VIH, especialmente su impacto positivo en los efectos secundarios de ciertas drogas de antiretroviral. Gente con el VIH que utiliza el zalcitabine de NRTIs, el didanosine, o la neuropatía de la experiencia del savudine a menudo (daño periférico del nervio) y myopathy periféricos (enfermedad) del tejido del músculo (Youle 2007a). Estos resultados se han observado en el otro NRTIs también y pueden desalentar a pacientes de la adhesión a sus regímenes de la medicación (Youle 2007a). Sin embargo, ALC puede ayudar a atenuar estos efectos.

ALC se sabe para ser implicado con la regeneración periférica del nervio (ciervo 2004). En un pequeño estudio por Osio y los socios (n=20), tomando a 2.000 el magnesio de ALC oral cada día por un mes llevó a las reducciones significativas en cuentas de la intensidad del dolor entre los pacientes VIH-infectados que tomaban la terapia del antiretroviral (Osio 2006). Un estudio más grande que implicaba a 90 pacientes seropositivos con neuropatía tóxica del antiretroviral encontró que eso tomar a 500 el magnesio de ALC por el día por 14 días dio lugar intramuscular dos veces a mejoras estadístico significativas en grados del dolor del medio del semanario contra placebo. Cuando estos pacientes posteriormente tomaron a 1.000 el magnesio de ALC oral dos veces por el día por seis semanas, las mejoras sintomáticas fueron observadas (Youle 2007b). Un estudio ficticio que implicaba a 21 pacientes de VIH con neuropatía NRTI-relacionada que fueron revisados después de recibir la acetilo-L-carnitina para un medio de 4,3 años, 13 de los 16 pacientes que terminaron el estudio divulgado la mejora sintomática “mucho o del moderado”, y 9 eran dolor-libres (Herzmann 2005). El ciervo y los socios observaron que cuando los pacientes VIH-infectados con neuropatía tóxica del antiretroviral tomaron el tratamiento de ALC, el 76% de pacientes experimentaron reducciones en el dolor neuropático (ciervo 2004). En un pequeño estudio la participación de 21 participantes, recibiendo el magnesio 3.000 del diario de ALC por 24 semanas correspondió con mejoras en los grados subjetivos del dolor (Valcour 2009). Un comentario y un meta-análisis muy pequeños de 14 estudios que describieron las diversas analgesias no encontraron una ventaja significativa de tomar 1 gramo de ALC diaria en tratar la neuropatía sensorial VIH-asociada; los autores señalaron que este comentario fue limitado por el pequeño número de estudios elegibles, así como las diferencias de los diseños y tamaño del estudio, que hicieron comparaciones a través de estudios difíciles (Phillips 2010).

Vitaminas

Ciertas vitaminas han amontonado una cantidad notable de pruebas clínicas para destacar su valor suplemental potencial en gente con el VIH:

Vitamina D

La vitamina D tiene una multitud de funciones importantes dentro del cuerpo humano, incluyendo sus papeles en el apoyo de la función inmune apropiada, del metabolismo de regulación del hueso, y mantener el homeostasis del calcio y del fósforo (Bikle 2009; Holick 2006). En gente con el VIH, la deficiencia de la vitamina D es común, al igual que la densidad mineral del hueso bajo-que-normal (Rodríguez 2009; Conrado 2011; Adeyemi 2011; Dao 2011; Kim 2011; Fox 2011; Giusti 2011; Gutiérrez 2011; Guillemi 2010). Además, la gente con el VIH aparece estar en un riesgo creciente de osteopenia y de osteoporosis (Gutiérrez 2011; Rodríguez 2009; Posts 2011). En un comentario reciente de la literatura médica, McComsey y los colegas concluyeron que la infección VIH se debe mirar como factor de riesgo para la enfermedad del hueso (McComsey 2010).

Los niveles deficientes de la vitamina D en individuos VIH-infectados pueden ser debido al virus sí mismo (Gutiérrez 2011; Conrado 2011) así como a los efectos del tratamiento del antiretroviral (lago 2011; Gutiérrez 2011; Conrado 2011; Fox 2011; Conesa-Botella 2010; Mueller 2010; Rodríguez 2009; Van Den Bout-Van Den Beukel 2008). Tenofovir, por ejemplo, es un NRTI ampliamente utilizado que se asocia a la densidad mineral del hueso bajo (Stellbrink 2010; Carr 2010; Grund 2009; Galante 2004), así como niveles crecientes de la hormona paratiroides (PTH) (Childs 2010). (Los niveles crecientes de PTH se asocian a la densidad mineral disminuida del hueso (Childs 2010).) los inhibidores reversos del transcriptase del No-nucleósido (NNRTI) también se han implicado en deficiencia de la vitamina D; uno adentro particular-efavirenz-se ha ligado a las concentraciones bajas 25 del hydroxyvitamin D (la forma de vitamina D que se mide para determinar la situación de la vitamina D en el cuerpo humano) (Welz 2010; Fox 2011; Dao 2011).

A medida que la gente con el VIH continúa viviendo más de largo, la prevención contra pérdidas del hueso se convierte en una consideración aún más prominente en este envejecimiento de la población (posts 2011). Algunos estudios han mostrado que una correlación entre la situación de la vitamina D y CD4 cuenta (Villamor 2006; Adeyemi 2011; Welz 2010; Stein 2011; Ross 2011), mientras que otros no encontraron esta relación (Dao 2011; Arpadi 2009). Interesante, algunos estudios que detectaron deficiencias de la vitamina D en pacientes de VIH encontraron que los individuos no infectados también tenían niveles bajos de la vitamina D (Dao 2011; Adeyemi 2011). En los Estados Unidos, la deficiencia de la vitamina D es altamente frecuente en la población en general, sin importar la situación del VIH (Dao 2011).

Betacaroteno/vitamina A

El betacaroteno es un pigmento de la planta encontrado en frutas y verduras coloridas y se convierte en la vitamina A en el cuerpo. Desempeña papeles importantes en crecimiento humano, la visión, y su ayuda del sistema inmune. En la gente con el VIH que fue dada 100.000 unidades internacionales (IU) de vitamina A del betacaroteno diario por 4 semanas, las cuentas de glóbulo blanco subieron el 66%, y las células del T-ayudante subieron levemente. Seis semanas después del cese del tratamiento del betacaroteno, las medidas de la inmune-célula volvieron a los niveles del tratamiento previo (Fryburg 1995). En un estudio de Uganda que implicaba a 181 niños con el VIH, la suplementación de la vitamina A fue asociada a tasas de mortalidad perceptiblemente más bajas, así como a mejoras en la diarrea crónica y la tos persistente (Semba 2005). En otro estudio, 687 niños en Tanzania con pulmonía recibieron 400.000 IU de vitamina A en la línea de fondo, así como 4 meses después de la descarga, y, después 8 meses después de la descarga. Ningunos de los niños mostraron cualquier muestra de la deficiencia de la vitamina A cuando comenzaron el tratamiento. La suplementación de la vitamina A fue asociada a un descenso del 49% en mortalidad y a una disminución del 92% de muertes diarrea-relacionadas. Las muertes más, Ayuda-relacionadas cayeron en picado el 68% (Fawzi 1999). En una población en Suráfrica que no es generalmente vitamina A deficiente, los niños con las madres VIH-infectadas recibieron 50.000 IU de vitamina A en las edades 1 mes y 3 meses, 100.000 IU en 6 meses y 9 meses, y entonces 200.000 IU en 12 meses y 15 meses; esto dio lugar a una reducción significativa en morbosidad de la enfermedad diarreica (Coutsoudis 1995). En un estudio de los E.E.U.U. que implicaba a niños VIH-infectados, el uso de la suplementación de la vitamina A antes de la vacunación de la gripe acalló el aumento de la posts-inmunización viral de la carga del VIH (Hanekom 2000).

Kennedy-Oji y los socios observados mejoraron la retención del peso entre mujeres VIH-infectadas surafricanas con la suplementación de la vitamina A (Kennedy-Oji 2001). Inversamente, la deficiencia de la vitamina A en mujeres seropositivas se ha asociado a la transmisión creciente del madre-a-niño de la infección (Semba 1994). Sin embargo, el valor potencial de los suplementos de la vitamina A en mujeres embarazadas con el VIH sigue siendo cuestionable, particularmente pues algunos estudios han indicado que la suplementación de la vitamina A puede aumentar la carga del VIH en la leche materna (Villamor 2010) y puede potencialmente elevar el riesgo de transmisión del VIH de la madre al niño (Wiysonge 2011). Un comentario reciente de los estudios que abarcaban a 6.517 mujeres con el VIH en Suráfrica, Zimbabwe, Malawi, y Tanzania encontró que el uso del suplemento de la vitamina A entre mujeres embarazadas VIH-infectadas correlacionó con los pesos de nacimiento mejorados; aunque el comentario no encontrara ninguna prueba que los suplementos de la vitamina A aumentan el riesgo de transmisión del madre-a-niño del VIH, los autores señalaron la calidad moderada de la prueba científica en estos estudios.

Vitaminas de B

Las vitaminas de B son responsables de un arsenal de funciones importantes dentro del cuerpo, incluyendo el funcionamiento apropiado del cerebro y del sistema inmune (Kaplan 2007; Rall 1993). Varios informes han documentado los efectos beneficiosos de la suplementación de la vitamina de B en gente con el VIH. En un estudio que implicaba 281 VIH-infectó a los pacientes, tomando la vitamina B6 (más de 2 por el RDA), la vitamina B1 (más de 5 por el RDA), o la vitamina B2 (más de 5 veces el RDA) fue asociada independientemente a la supervivencia mejorada (Tang 1996). En 108 hombres VIH-infectados seguidos durante un período de dieciocho meses, los niveles bajos B12 al principio del estudio eran calculadores significativos de una progresión más rápida de la enfermedad (según lo determinado por el recuento celular CD4); aunque el desarrollo de la deficiencia B12 correspondiera con un descenso en el recuento celular CD4, la normalización de los niveles de la vitamina B12 correspondió con recuentos celulares más altos CD4 (Baum 1995).