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Paro cardíaco

Gestión dietética y de la forma de vida del paro cardíaco

Cese del tabaco y del uso excesivo del alcohol

La toma de más de 7-8 bebidas alcohólicas por el día por más de 5 años puede aumentar el riesgo de disfunción cardiovascular que puede llevar al paro cardíaco. Animan a los pacientes con una historia del consumo excesivo del alcohol a abstenerse de la consumición (caza 2009). Sin embargo, el luz-a-moderado que bebe (hasta 1 diario de la bebida para las mujeres y 2 bebidas diariamente para los hombres) puede ser asociado a un riesgo reducido de paro cardíaco comparado a los que se abstengan de la consumición (Bryson 2006; Djousse 2008; Piano 2002).

El fumar es un factor de riesgo importante para muchas dolencias, incluyendo enfermedades cardiovasculares. La detención de fumar fue mostrada para proveer de las ventajas para los pacientes la insuficiencia cardiaca congestiva, que son similares a las ventajas ofrecidas por las drogas primarias usadas en esta condición (CDC 2010; Suskin 2001). Varios otros estudios encontraron que esa gente que abandona el fumar tenga un más poco arriesgado de la enfermedad cardiovascular (Clair 2013).

Restricción del sodio dietético

Una alta ingestión dietética de la sal aumenta la presión arterial, y es bien sabido empeorar la hipertensión, una causa importante del paro cardíaco (él 2011).  Un estudio anticipado sobre de 10 000 voluntarios mostró que para cada sodio del mmol 100 (cerca de 5,8 g del cloruro sódico [sal de tabla]) consumido por el día, el riesgo relativo de paro cardíaco creciente en el 26% (él 2002). La pauta dietética americana de la asociación para el sodio dietético en pacientes del paro cardíaco es <2 g/day, con el intento para mejorar ambos síntomas clínicos, tales como cansancio e hinchazón, y calidad de vida (Tyson 2012). Una dieta sodio-restricta (<1.5 g/day) en pacientes con la hipertensión puede ayudar a reducir la presión arterial. La ROCIADA (acercamientos dietéticos para parar la hipertensión) que comía el plan, que es rico en frutas, verduras, y productos lácteos bajos en grasa, ha sido mostrada a una presión arterial sistólica más baja por 8-14 mmHg (sacos 2001; Tejada 2006). La dieta de la ROCIADA tenía un impacto beneficioso en la presión arterial en los niveles altos, intermedios, y bajos de la toma dietética del sodio, y los investigadores observaron que las dos intervenciones combinadas tenían un impacto más fuerte en la baja de la presión arterial que cualquiera solamente (sacos 2001). La dieta de la ROCIADA puede ser apropiada de utilizar para la prevención y la gestión del paro cardíaco crónico. Las dietas constantes con la ROCIADA que comía el modelo se han asociado a índices más bajos de paro cardíaco en mujeres y bajan índices de hospitalización (debido al paro cardíaco) o de muerte en los hombres (Tyson 2012).

Supervise el desahogo del microalimento

Las deficiencias del microalimento desempeñan un papel importante en la progresión del paro cardíaco. La frecuencia de la desnutrición aumenta con el grado de severidad del paro cardíaco, extendiéndose de un 22% estimado en pacientes de la clase II de NYHA hasta el 63% en los pacientes de la clase III (Dunn 2009). La escasez del microalimento está de preocupación especial entre pacientes en ciertas medicaciones del paro cardíaco.

  • Potasio y cinc. El uso diurético se asocia al agotamiento del electrólito. Entre los electrólitos, el agotamiento del potasio es el más preocupante porque es esencial para el mantenimiento del ritmo normal y de la función del corazón. Inversamente, los inhibidores de ACE y ARBs disminuyen la excreción del potasio y pueden llevar a los niveles elevados del potasio. Además de sus efectos sobre el potasio, los inhibidores y ARBs de ACE se han mostrado para aumentar la excreción urinaria del cinc, y la diurética del thiazide también aumenta las pérdidas urinarias del cinc (Dunn 2009).
  • Magnesio, calcio, y fosfato. Magnesio del aumento de la diurética de lazo, fosfato, y excreción del calcio del riñón (Dunn 2009). En un estudio terminado por 68 pacientes admitidos al hospital para el paro cardíaco, el 38% presentado con los niveles bajos del magnesio en la admisión y el 72% tenían pérdida urinaria excesiva del magnesio (Ceremuzyński 2000).

    Varios ensayos clínicos han investigado el uso del magnesio en pacientes del paro cardíaco. En un ensayo, el magnesio 300 del citrato del magnesio fue encontrado para mejorar variabilidad del ritmo cardíaco después de 5 semanas de la suplementación (Almoznino-Sarafian 2009). El óxido de magnesio, en una dosis del magnesio 800 diario por 3 meses, mejoró la elasticidad arterial comparada al placebo en individuos con el paro cardíaco crónico (Fuentes 2006). En otro ensayo, el orotate del magnesio (el magnesio 6000 magnesio diario para 1 mes, 3000 diario por 11 meses) o el placebo fue dado a los pacientes con la insuficiencia cardiaca congestiva severa. La tasa de supervivencia después de 1 año de suplementación era el 76% para el grupo del magnesio contra el 52% para el grupo del placebo. El “orotate concluidolos autores del magnesio se puede utilizar como terapia complementaria en pacientes en el tratamiento óptimo para la tasa de supervivencia severa de la insuficiencia cardiaca congestiva, del aumento y mejorar síntomas clínicos y la calidad de vida del paciente” (Stepura 2009).
  • B-vitaminas. La terapia crónica con la diurética, que se administran a muchos pacientes con paro cardíaco, puede prevenir la reabsorción de la tiamina y aumentar su excreción urinaria, contribuyendo a la deficiencia de la tiamina. Un estudio en 25 pacientes con paro cardíaco encontró que el uso de la furosemida (Lasix®) en el magnesio 80 o más por día fue asociado a un predominio del 98% de la deficiencia de la tiamina (Dunn 2009). Las deficiencias de varias vitaminas, incluyendo la riboflavina, piridoxina, ácido fólico, y B12 también se han documentado en pacientes del paro cardíaco. Riboflavina, B12, y juego del ácido fólico un papel en metabolismo de la homocisteina. La homocisteina es un aminoácido que puede causar daño al forro interior de los vasos sanguíneos – el endotelio. Los niveles elevados de la homocisteina se han asociado a un pronóstico pobre en los pacientes del paro cardíaco (Azizi-Namini 2012; Krim 2013).

Ejercicio

El entrenamiento del ejercicio ahora se reconoce como adición valiosa a otras intervenciones y se debe considerar para todos los pacientes del paro cardíaco que sean bastante estables participar (caza 2009). Experimental, el ejercicio fue mostrado para reducir la progresión del paro cardíaco. Las instrucciones de ACCF/AHA recomiendan que la actividad aerobia esté realizada por lo menos 30 minutos, 5 o más días por semana. Los estudios publicados que evalúan la eficacia del entrenamiento del ejercicio en pacientes del paro cardíaco divulgan mejoras en la utilización del oxígeno del músculo esquelético, capacidad creciente del ejercicio, fuerza muscular y resistencia, función diastólica mejorada, las reducciones en cytokines inflamatorios tales como TNF-α e IL-6, mejora de síntomas y de medidas de calidad de vida, reducción en clase funcional de NYHA, y reducción en las estancias y la mortalidad del hospital (que tragan 2011). La mayor parte de estas ventajas fueron consideradas al ejercitar en la moderado-alta intensidad (70-80% del ritmo cardíaco máximo). 

Mantenga el azúcar de sangre sano

La diabetes y la resistencia a la insulina son factores de riesgo importantes para el paro cardíaco; la diabetes no sólo aumenta el riesgo de paro cardíaco, pero también empeora el resultado de pacientes con el paro cardíaco ya existente (caza 2009). El corazón diabético es más susceptible a lesión (con poco oxígeno) isquémica, al infarto del miocardio, y al daño oxidativo (Ansley 2013). Metformin, una opción estándar del tratamiento oral para el tipo - 2 diabetes, no se utiliza típicamente en diabéticos con el paro cardíaco dado el riesgo sabido para la acumulación del lactato y la acidosis láctica subsiguiente en pacientes en peligro con la función cardiaca comprometida; sin embargo, acumulando pruebas sugiere que el metformin puede ofrecer las ventajas importantes para reducir riesgo del paro cardíaco en pacientes selectos. Por ejemplo, las pruebas recientes sugieren que el metformin pueda reducir riesgo del paro cardíaco en pacientes diabéticos, mejorar tasas de supervivencia de dos años en ésos con paro cardíaco, y tener propiedades cardioprotective (Papanas 2012). Mientras que las pruebas adicionales acumulan, el metformin puede ser una opción adecuada para la medicación en el contexto de función cardiaca reducida en pacientes diabéticos bajo supervisión cercana de un proveedor de asistencia sanitaria calificado.