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El perder catabólico - caquexia y Sarcopenia

Síntomas y diagnosis

La mayoría de la gente con la debilidad de la experiencia de la caquexia o del sarcopenia, el cansancio, y dificultades en la vida diaria. No hay todavía un consenso en cuanto a cómo determinar cuando el perder catabólico alcanza el punto de la caquexia o del sarcopenia. En 2008, la caquexia fue definida como “síndrome metabólico complejo asociado a enfermedad subyacente y caracterizado por la pérdida de músculo con o sin pérdida de masa gorda” (Evans 2008). En 2010, una definición propuesta del sarcopenia fue basada en la pérdida relativa a la edad de masa del músculo, de fuerza del mango, y de velocidad que caminaba (Cruz-Jentoft 2010).

Hay coincidencia grande entre la caquexia y el sarcopenia, y puede ser difícil distinguir clínico entre los dos (Rolland 2011; Fearon 2013; Muscaritoli 2013). Muchos individuos del envejecimiento pueden experimentar caquexia y sarcopenia simultáneamente (Rolland 2011; Fearon 2013; Muscaritoli 2013).

Mientras que puede ser difícil definir un punto exacto cuando sea significativo el perder del músculo comienza, el moderado a la caquexia y/o al sarcopenia severos puede ser diagnosticado observando la pérdida de masa, de fuerza, y de tono del músculo en la persona. Recientemente, algunos investigadores han propuesto que la caquexia y el sarcopenia fueran diagnosticados por la masa magra y gorda calculadora del cuerpo por técnicas de proyección de imagen tales como MRI (proyección de imagen de resonancia magnética) (Fearon 2013).

Pre-caquexia y la importancia del reconocimiento temprano de perder catabólico

La pérdida de masa del cuerpo y la fuerza muscular ocurren a menudo gradualmente entre individuos con enfermedades lentamente de progreso, crónicas así como envejecimientos de la población típicamente considerados de otra manera sanos. Esto impide a menudo el reconocimiento de los primeros tiempos de perder y de resultados en las oportunidades perdidas para la intervención con derecho preferente que puede ayudar a pacientes a mantener una mejores capacidad y calidad de vida funcionales a largo plazo (el normando 2008; Muscaritoli 2010).

Las estimaciones sugieren tanto mientras que los 50% de individuos hospitalizados son subalimentados (normando 2008). Más referente a la situación inmóvil, alimenticia empeora muy a menudo durante la hospitalización, debido al debajo-reconocimiento y al debajo-tratamiento de muestras tempranas de perder de los médicos y del personal hospitalario (normandos 2008). Los pacientes subalimentados requieren típicamente estancias más largas del hospital y tienen pronósticos peores para las enfermedades agudas y crónicas (normandos 2008).

La dura realidad es que los proveedores de la asistencia médica no pueden a menudo dirigir muestras tempranas de perder hasta que haya alcanzado las etapas avanzadas, en cuyo punto que la eficacia de intervenciones tuvo como objetivo el mejorar de la composición del cuerpo se empeora considerablemente (el normando 2008; Muscaritoli 2010).

Afortunadamente, esfuerzos de investigación colaborativos recientes se han centrado en la necesidad crítica de reconocer y de dirigir perder y caquexia en primeros tiempos. En 2010, las directrices específicas sobre el reconocimiento y la clasificación de la “pre-caquexia” fueron desarrolladas. Estas instrucciones establecieron los requisitos siguientes para la diagnosis de la pre-caquexia (Muscaritoli 2010):

  1. enfermedad crónica subyacente;
  2. pérdida de peso involuntaria el ≤5% de peso corporal usual durante los 6 meses anteriores;
  3. respuesta inflamatoria sistémica crónica o periódica;
  4. anorexia o síntomas anorexia-relacionados.

La esperanza es que estas instrucciones anunciarán una mejor gestión de la situación alimenticia entre individuos con el primero tiempo que pierde y ayudarán a evitar la disminución en la salud ligada a las etapas avanzadas de perder y de la caquexia. Pacientes, sus familias, y sus proveedores de asistencia sanitaria si todos siguen siendo competentes del papel fundamental que la situación alimenticia adecuada que mantiene desempeña en la ayuda de la recuperación de la enfermedad y de la prolongación del palmo de la salud. Incluso los pequeños cambios en la composición del cuerpo o los hábitos alimentarios entre el envejecimiento e individuos crónico enfermos no deben ser pasados por alto, pues la intervención alimenticia temprana puede evitar disminuciones en calidad de vida subsiguientes y mejorar los resultados pacientes (Muscaritoli 2010; Normando 2008).

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